Alejandro Marcovich
  Pintor en crisis
 José Luis Ramírez
    artículo

Alejandro Marcovich
  José Luis Ramírez
  una platica
    videoentrevista

Alejandro Marcovich
  Händel
  para el siglo XXI
    artículo

Alejandro Marcovich
  Celebraciones
  Calendario y Tradición
    artículo

Además...

Alejandro Marcovich
  Sebastian Zúrita
  detras de...
   artículo

Alejandro Marcovich
  Sebastian Zúrita
  la entrevista
    video

Le Butcherettes
  Le Butcherettes
 Kiss & Kill
  artículo

Alejandro Marcovich
  Le Butcherettes
 la entrevista
  video


Sábado de gula

Por Toledo

       Algo que siempre se agradece en la mesa es la coherencia. Aunque la creatividad nace del riesgo, de la ruptura en lo establecido, la unidad es algo que se aprecia, en la mesa y también en lo que se lee.  

       Está bien ir inventando sobre la sartén – por decir algo- pero hay ciertas proporciones que uno debe guardar, ciertas reglas básicas de la construcción culinaria y literaria que deben siempre, al menos, tomarse en cuenta. Por ello es que el nuevo libro de Balám Rodrigo (Chiapas 1974) Libelo de varia necrología, parece acomodarse en el centro de la coherencia: el equilibrio. Es un libro de poemas en prosa, limpia y bien escrita, apegada al canon de la tradición más respetada, pero es también una experimentación lingüística arriesgada y necesaria en campo de la poesía. Si uno recorre este libro surgen las ganas de probar mieles, pero con sabor fuerte y colores ocre; nada procesado. Por eso, el sábado que terminé de leer este Libelo, decidí hacer, por primera vez, pan: Pan Rústico.

       Miel y azúcar morena. Como los poemas de Balam que parecen ir superponiéndose uno sobre otro en la lectura, se mezclan con un poco de agua a punto de hervir, la miel con el azúcar. Allí mismo se incorpora una pizca de sal y clavo; que le dará consistencia al sabor rústico, como si Madame la loca bajo una menguante luna gritara a los noctámbulos los secretos de sus noches gáticas. Se pone también canela, para el olor, sobretodo. Nuez moscada, mantequilla –o manteca para un efecto más arraigado- , y nues picada se juntan con lo ya preparado y se deja entibiar por un buen rato.  

       Ese mismo reposo se requiere en la lectura de este libro, hay que dejar macerar los primeros versos para pasar a los siguientes. La muerte, la certeza de la lengua que no puede hacer más que nombrarla, acaso, para poder dimensionarla, es un hilo poderoso en el tejido que hace Balam Rodrigo en estos versos; inquieta la aséptica formalidad de la construcción poética, la osadía con que se asume que la literatura se reinventa pero siempre vuelve al origen.  

       La harina, aparte, debe mezclarse con polvo de hornear y luego juntar las dos preparaciones y mezclar bien. El último apartado del libro debe también esperar. Se puede leer de corrido, pero requiere de preparación aparte, es un recorrido por una exposición de fotografía, hecha con palabras. Los 50 minutos que se necesitan en el horno para el pan – no deben olvidar usar un molde amplio y bien engrasado- me sirvieron para volver al mundo, para dejar el libro un segundo y terminar de entender que es un tratado científico sobre la ciudad y la muerte que usa la poesía como vehículo y , quizá, no como fin.  

       Así, con el ocre en el paladar, una porción bien servida de pan rústico sirvió para volver, casi obsesivamente, a releer todo el sábado – al fin de gula- Libelo de varia necrología, editado por el Fondo Editorial Tierra Adentro, de Balam Rodrigo.

volver arriba