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Las celebraciones del calendario oficial: transmisión de la tradición

Por Yeyetzi Cardiel

       Cada país cuenta con celebraciones estipuladas en su calendario oficial. Generalmente, estas fechas celebran una batalla ganada, las hazañas de algún personaje considerado héroe de la patria, incluso de alguna figura de la sociedad que juegue un rol importante en la manera en que ésta está estructurada –en México tenemos un amplio repertorio de estas figuras, que si uno las observa bien pueden hablar de su sentido del humor y de su afán por la unión familiar, tales como el padre, la madre, el compadre, etc.-, además de las celebraciones a nivel internacional. Cada una de estas fechas viene acompañada de una narración que indica la manera en que la celebración debe ser entendida y asimilada.

       Estas narraciones, y su reiteración año con año, constituyen una manera de transmitir la tradición, la cual va conformando su identidad como nación, o al menos, la identidad que a la nación en cuestión le gustaría tener, como si fabricara una imagen de sí misma. Ahora bien, como sabemos, los procesos de transmisión no son nunca neutrales: llevan una intención, que a su vez, puede ser desviada o modificada en el proceso. Si estas fechas están acompañadas por la narración oficial, generalmente reiterarán sólo la parte victoriosa que les permita establecer una imagen fuerte de su nación, su heroísmo para conformarse como tal. Las victorias y los heroísmos nos han sido narrados generalmente desde la perspectiva de los héroes y vencedores, de otra manera no podría reiterarse ese aspecto fundacional de su configuración y reiteración como nación.

       El que la historia oficial esté narrada únicamente desde la perspectiva de los vencedores debe ser motivo de sospecha, pues es parcial. Esto, más que una invitación a aprenderse datos de memoria –sobre todo fechas y nombres, que es como lamentablemente nos enseñan historia al menos en la educación básica- constituye una oportunidad para leer la historia de otra manera y así, una oportunidad para narrar las celebraciones del calendario oficial de una manera diferente a la que nos ha sido narrada. No se trata de inventarnos una historia más acorde a nuestros gustos, caprichos o situación histórica o política, pues esto no sólo sería arbitrario, sino cínico e irresponsable políticamente –que, como sabemos, varias de las fechas proclamadas por el calendario oficial, tal como la celebración de los Niños héroes, se han establecido así-. Tampoco se trata de contarla tal y como verdaderamente fue, empresa imposible ya que lo único con lo que contamos es con ruinas, documentos o testimonios, a partir de los cuales podemos elaborar una interpretación del pasado.

       Se trata, más bien, de detenernos un momento para reparar en lo que la historia oficial no ha contado, no tanto para completarla, como para narrarla desde otra perspectiva, por ejemplo, la de los vencidos. La importancia de la perspectiva desde la que es narrada la historia radica en sus efectos políticos.

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