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Ángela Gurría: Yo soy mi obra
Las piedras (y otros materiales) transformadas en naturaleza

Por Miriam Kaiser

           Las cactáceas, las flores, los paisajes, las aves en vuelo o en el nido y las tortugas sedentarias, también el perro y el caracol;  el ganado buscando llegar al aguaje. Las mariposas eternas —prehispánicas y de hoy—, la Señal.

           Recordemos aquel detalle de sus épocas juveniles, cuando caminando por las calles de Coyoacán, escucha ‘la música’ ejecutada por un cincel sobre una piedra. Se trataba de un cantero trabajando en las cercanías. Se fascinó con ese bello sonido. Se acercó al cantero, vio su trabajo, y en su interior se dijo: yo seré algún día escultora para escuchar esta bella música.

           Ahora se presenta una muestra de Ángela Gurría en el Atrio de San Francisco de la Ciudad de México, un sitio que va dando cuenta del devenir escultórico mexicano y extranjero. En esta oportunidad, la escultora nos ofrece una semblanza de su quehacer, de su amor y respeto por los materiales, pero también por la naturaleza. Es, de hecho, un homenaje a lo que nos rodea, a los que nos rodean. Un homenaje silencioso pero elocuente de la artista a esas criaturas, a esas formas que muchos de nosotros hemos perdido el gusto por observar. Y la escultora nos hace volver a verlas, a admirarlas, variando su formato, transformando y recreándolas, con esa maestría que sólo una escultora como ella lo puede hacer.

           Son muchos años que Ángela Gurría ha dedicado a la escultura. Y son innumerables las obras que ha realizado, en todos los formatos. Desde estas pequeñas joyas que hoy se exhiben, hasta obras monumentales —urbanas— que se encuentran en diversas latitudes: Tijuana, Bogotá, Toluca, la ciudad de México, por sólo nombrar algunas de ellas, pues el escultor siempre tiende a ello: ver su obra inmersa en el espacio —y si es de gran tamaño, qué mejor.

           Asimismo, la artista no se constriñe a uno o varios temas o técnicas. Es una mujer que ha abarcado, desde la figuración hasta la abstracción, y recorre sus estilos y materiales con la misma seguridad, con la misma enjundia y por ende, calidad. Pero siempre da la impresión que se acoge a la naturaleza, nuevamente, para encontrar su qué decir y cómo.

           Recordemos el Paseo Tollocan a la entrada de la ciudad de Toluca, donde da forma a los numerosos y alegres rehiletes, tomados precisamente, de la juguetería que se crea en la ciudad de Metepec, o la enorme Ceiba, realizada en cinta de hierro, cobijando a las personas que se acercan al hotel de la zona de Polanco; y su manera de rendirle homenaje a los trabajadores del drenaje profundo de la ciudad de México, con aquella monumental escultura, donde resuelve el tema a base de los mismos tubos que serán instalados en las profundidades de la tierra, partidos a la mitad, e instalados sobre cemento armado.

           Ahora mencionemos su profundo amor y conocimiento de las culturas prehispánicas. La maestra Gurría recrea formas, momentos importantes de la vida, las costumbres, las tradiciones prehispánicas, convirtiéndolas en notables obras actuales, tales como Estela de mariposas. Si las observamos, a las mariposas, nos percatamos que nos las presenta por medio de unos sencillos triángulos. O El vuelo de la mariposa: aquí si las vemos de manera más apegada a las representaciones teotihuacanas… quizá.

           Sus dos esculturas —gemelas— que llevan el título de La muerte en Chiapas, donde aparecen los cuerpos de los jaguares como si hubieran sido esculpidos en la parte frontal de un templo muy antiguo, son al mismo tiempo dos obras por demás contemporáneas por la sencillez en su tratamiento escultórico. Al mismo tiempo, están hechos por la escultora para hacerse partícipe del dolor del Estado que ha sufrido interminables presiones políticas y sociales a lo largo de siglos.

           Hablemos de los paisajes que se presentan: uno en acero y el otro en cantera. No es común ver paisajes esculpidos, como sí lo es verlos representados en pinturas, dibujos, acuarelas, a través de todos los tiempos. La escultora Ángela Gurría acomete este tema, no sólo con maestría, ofreciendo en el Tepozteco su visión de esa masa montañosa, que tantas fantasías ha hecho brotar a escritores, pintores, cuenteros, desde tiempos prehispánicos hasta nuestros días, sino también como reto escultórico. Pero de igual forma se puede hablar de la Nube: la delicadeza de una gran pieza de mármol, convertida en algo tan etéreo como es lo que representa.

           Señal. La maqueta de la monumental escultura que inicia la ya clásica Ruta de la Amistad, concebida por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, junto con el artista Mathias Goeritz y que justamente cumple sus primeros cuarenta años. Recordaremos a los jóvenes visitantes de esta muestra que a esta Ruta fueron convocados escultores de diferentes partes de la tierra, para hacer notar el camino que llevaría a los sitios donde se realizarían las gestas deportivas de los Juegos Olímpicos de México 1968. A la escultura de la maestra Gurría le tocó iniciar esta propuesta. El día de hoy esa Ruta ha sufrido y sigue sufriendo tristes actos de irrespeto, pues los efectos de la modernidad impiden que dichas esculturas se vean, se admiren en todo su esplendor. Tal es el caso de Señal, que ha quedado inmersa en las imponentes curvas de los puentes sureños de esta ciudad.

           He aquí pues una bella exposición de esculturas que nos acercan a la tierra, con obras con las que fácilmente el visitante podrá entablar un diálogo, pues a eso invitan: a detenerse frente a ellas, observarlas y, además de admirarlas, recibir ese mensaje, ese deseo de la artista Ángela Gurría de que sean disfrutadas.

Ángela Gurría: Yo soy mi obra
Curaduría: Miriam Kaiser
Coordinación: Gabriela Huerta Tamayo

Entrada libre
Atrio de San Francisco
Madero 7 (a un lado de la Torre Latinoamericana)
Centro Histórico
Del 24 de agosto al 7 de diciembre de 2008
Lunes a domingo, de 8 a 20 horas
www.museosoumaya.org

Sobre la maestra Miriam Kaiser:
           Nació en la Ciudad de México. Desde los años sesenta se ha dedicado a la promoción de la cultura en artes plásticas en diversas funciones públicas: como directora del Museo del Palacio de Bellas Artes, sudirectora técnica del Museo Nacional de Arte, directora de Exposiciones Internacionales del CNCA, directora de la Sala de Arte Público Siqueiros, directora cultural del Polyforum Siqueiros. También ha colaborado como asesora en la creación de nuevos museos y desarrollado curadurías, como la dedicada a Ángela Gurría, Naturaleza exaltada, que trabajó con Claudia Morales Flores, para el Museo de Arte Moderno en 2003.

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