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Un pretexto para celebrar:
Oscar Wilde

Por Francisco Solís

        ¿Por qué es importante recordar a Oscar Wilde? No sólo porque ha sido tomado como un ícono de la cultura y el orgullo gay, sino por las razones que hay para que lo sea, pues gracias a su renombre en el mundo de la literatura y a la difusión de las situaciones que vivió, ha sido posible la discusión abierta sobre la condición homosexual, en donde podemos ver cómo es que poco a poco cambia la perspectiva desde su tiempo hasta los nuestros.

        Wilde nació en octubre de 1854, en Dublín, Irlanda, en medio de un ambiente muy conservador; pero vivió toda su vida entre Londres y París, donde el ambiente era un poco más relajado, pero donde se consideraba a la homosexualidad como el peor crimen que un hombre podía cometer, después del homicidio. Por esta razón, Oscar tenía que mantener la apariencia de un “hombre de bien”, es decir, un heterosexual, aunque no se cuidaba de mostrar ciertas “extravagancias” que hacían dudar de su honorabilidad (digamos que vivía en un clóset con la puerta demasiado abierta).


Oscar Wilde (1954-1900)

        Aún con las habladurías y con las dudas que se tenían sobre su “integridad”, era innegable su talento como escritor de cuentos infantiles (El príncipe feliz, El pescador y su alma, El ruiseñor y la rosa, etc.), poemas (Ravena, El maestro, etc.) y, sobre todo, de obras de teatro (La importancia de llamarse Ernesto, Un marido ideal, Salomé, etc.). Su novela más conocida, El retrato de Dorian Gray,, fue la causa de mayores acusaciones veladas en contra de Wilde, pues allí se hacen explícitas insinuaciones sobre la relación amorosa de dos hombres, pero la grandeza de la obra sobrepasó estas reticencias por su valor literario y su profundo análisis sobre el amor y la belleza.

        El inicio de su desgracia fue precisamente por estos valores, pues la intensa relación que tuvo con un vanidoso jovencito marcó para siempre su destino. Mucho se rumoreaba sobre las atenciones que tenía Oscar Wilde para con Lord Alfred Douglas, pues ellos se cuidaban muy poco y vivían su amor de la manera más natural posible; no se escondían, más bien gustaban de ir a sitios concurridos donde Wilde era bien conocido (jugaban el juego en el que todos sabían qué sucedía pero nadie decía nada).

        La familia de Douglas trató de separar a su hijo de las “garras” de Oscar, mientras los amigos de Wilde lo aconsejaban para que Douglas no abusara de su benevolencia. Su relación se hizo tan intensa que era imposible decir quién dañaba a quién, (aunque hay más razones para pensar que Douglas era quien abusaba del amor y tolerancia de Oscar). Por una nota que dejó el padre de Bosie (así lo llamaba Wilde) donde lo llamaba “sodomita”, el escritor en un ataque de soberbia demandó al Conde de Queensberry por difamación, y perdió el caso al descubrirse que el Conde no mentía. Fue acusado y sentenciado por “sodomía y perversión de jóvenes” (que era el término legal para casi cualquier acto homosexual, aunque fueran dos ancianos que sólo se dieran besitos).

continua>
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