
Y tú, ¿de qué te ríes?
Humor e Ironía
Por Yeyetzi Cardiel
No todas las risas son iguales. Su diferencia no radica sólo en que tu, yo, el vecino o cualquier otro ejecutemos distintos sonidos y gestos cuando reímos. La risa, más que un sello de una supuesta personalidad, indica que nuestra risa es siempre la risa del grupo al que pertenecemos: aunque la concibamos como algo espontáneo, necesita siempre de un eco: reírse solo es correr el riesgo de ser tildado de loco y por tanto, ser excluido de la conversación, cuando no, del grupo, o bien, volverse uno mismo motivo de risa mediante la burla de los otros. La risa va acompañada de un prejuicio de complicidad con otros rientes, ya sean éstos efectivos o imaginarios. En otras palabras, la risa tiene una función social que debe responder a ciertas exigencias de la vida común. La risa, es pues, una forma -que no la única- de crear comunidad: Una de las cosas que nos mantiene unidos a nuestros amigos es que podemos reír de los mismos chistes, bromas, situaciones, etc. Esto habla de una sensibilidad compartida y, en este sentido, la risa -más específicamente, aquello que es motivo de nuestra risa y cómo es nuestro reírnos-, puede ser leído como un síntoma de nuestra sensibilidad y/o de la sensibilidad del grupo al que pertenecemos y de otros grupos. Esta sensibilidad nos ha sido heredada por la familia, la escuela, la religión, etc., y ha sido configurada históricamente: si nuestros padres reían con 'Cachirulo', no es seguro que a nosotros nos provoque risa. Esto indica que la sensibilidad no ha sido solamente heredada y tomada tal cual: también la hemos moldeado y/o adaptado a partir de nuestras experiencias, relaciones con amigos, de pareja y con otros individuos que pertenecen al mismo grupo o grupos que nosotros: el trabajo, el vecindario, etc.
Ahora bien, además de lo heredado y de las experiencias que hemos tenido con otros individuos dentro de diferentes grupos, estamos inmersos en una sociedad con características específicas: es capitalista, moderna a su manera, paradójica, llena de encantos y frustraciones, tragedias, diversión, etc. En esta situación, ¿de qué nos reímos? ¿Cómo nos reímos? ¿Qué significa que no todas las risas sean iguales en una sociedad capitalista y moderna como la nuestra? ¿Qué tipo de comunidad puede dar lugar un tipo de risa u otra? Basten dos ejemplos: el humor y la ironía.
Todos conocemos o hemos conocido esa sensación de aburrimiento los días de domingo familiar, cuando no hay 15 años, boda o cumpleaños de alguno de nuestros parientes. El tiempo nos parece eterno y vacío: todo o casi todo está cerrado y pareciera que no hay nada qué hacer, mas que dejar que el tiempo pase como mero trámite para iniciar actividades el día siguiente. Para llenar esas horas vacías llenas de aburrimiento, es común que la familia prenda el televisor y vea un programa de comediantes o rente una película clasificada como 'cómica' o de 'humor', en busca de algo 'divertido' que distraiga del recordatorio del 'lunes otra vez' y del aburrimiento presente. La convivencia familiar se reduce a la risa del humor del comediante o de la película, que la mayoría de las veces, están llenos de clichés: los mismos chistes, personajes similares: el bobo, el torpe, el despistado, el burlón, etc., en fin una diversión repetitiva que nos ofrece la seguridad de lo conocido. Negarnos a sentarnos en la sala y asistir a los chistes que el comediante o el film nos ofrecen, puede ser motivo de recriminaciones, tales como '¿qué no te gusta estar con nosotros?', '¿por qué no te gusta 'convivir'?' El estar juntos, parece ser tomado literalmente por los padres: estar aplastados en la sala frente a una pantalla, reunidos en grupo pero sin realmente vincularnos. Es posible que varios de nosotros repitamos esta manera de buscar la risa aún cuando ya no vivamos con nuestros padres. Si bien el ritmo laboral en nuestra sociedad capitalista nos agobia, la risa buscada como analgésico o como relleno de un tiempo sentido como aburrido y vacío no hace más que ayudarnos a reponer energías para continuar funcionando en el trabajo la siguiente semana, y así cada 'día de descanso'. Y es que el humor 'resuelve' nuestra situación sin resolverla: nos hace olvidar la insatisfacción que permanece intacta, adornando nuestro cansancio o aburrimiento. Nos ofrece una parodia de la armonía, la felicidad y/o el placer: se ríe porque no hay nada de qué reírse. La carcajada funge como aceptación conformista de la situación. Pero además, quita a la risa su capacidad de establecer comunidad: atomizados, buscando un analgésico en los programas ofrecidos por la televisión -cambiando de canal con el control remoto y recostados en el sofá o la cama para nuestra mayor comodidad-, los televidentes forman parte de un grupo más grande: de aquellos que han decidido evadir la insatisfacción de su situación. La risa de la distracción ofrecida por los productos clasificados de antemano por las industrias como cómicos o de humor -sean películas, programas, eventos, etc.- ofrecidos por los medios de comunicación, la publicidad, funcionan como analgésicos que permiten reponer fuerzas para seguir siendo funcional en el trabajo y contentarse con eso, así como con que la insatisfacción permanezca adormecida.
continua>
__________________________________








