
El impacto mediático del discurso inaugural de Obama en México
Yeyetzi Cardiel
La asunción de Obama ha generado múltiples y grandes expectativas, no sólo al interior de Estados Unidos, sino también en el exterior a partir de lo mostrado por los medios de comunicación. En su discurso inaugural pronunciado el 20 de enero, habló de una nueva era de paz y responsabilidad, así como de una recuperación y a la vez reestructuración de su país para dar lugar a una nueva nación. Apelando a la historia del pueblo norteamericano, propuso rescatar lo mejor de ésta, refiriéndose a los valores por los que se han guiado a lo largo de su historia, entre ellos, igualdad, libertad y felicidad; honestidad, trabajo duro, tolerancia, curiosidad, lealtad y patriotismo, es decir, los propios de la democracia que los ha definido desde sus orígenes, así como el continuar manteniéndose como la nación más poderosa y próspera del globo, buscando liderar una vez más los procesos de de otras naciones.

El efecto mediático, al menos en México, erige -en su versión más burda y caricaturesca- una figura de líder carismático en el cuál se depositan las esperanzas de un futuro mejor y perfecto, como si hubiese llegado para resolver además de los conflictos bélicos que Estados Unidos ha generado en Irak, las contradicciones, injusticias y crisis económica mundiales e inclusive, el calentamiento global. Expectativas de este tipo –en sus más variadas gradaciones- tienen más que ver con el impacto mediático que con el discurso presentado. Si bien la actitud con que Obama entró a la presidencia de los Estados Unidos ha buscado deslindarse de la que Bush mantuvo durante su gobierno, esto no quiere decir que vaya a arreglar el mundo, ni que Estados Unidos deje de ser el imperio que ha sido.

Los primeros gestos que ha realizado, tales como declarar el cierre de Guantánamo o comprometerse a retirar las tropas de Irak son, como el mismo señaló, un acto responsable, algo que tenía que hacerse, pero no necesariamente un primer paso para arreglar el mundo, sobre todo por lo que respecta a Latinoamérica. En su discurso inaugural dejó ver que esta nueva nación no está pensando en atender las múltiples situaciones de pobreza y conflictos en esa región del globo, de las cuales Estados Unidos también es responsable, más bien lanzó un buen consejo, a saber, el de que el pueblo de estas naciones juzgará a sus líderes más por lo que puedan construir que por lo que destruyan, en otras palabras, que Latinoamérica puede rascarse con sus propias uñas: “To those leaders around the globe who seek to sow conflict, or blame their society's ills on the West — know that your people will judge you on what you can build, not what you destroy. To those who cling to power through corruption and deceit and the silencing of dissent, know that you are on the wrong side of history; but that we will extend a hand if you are willing to unclench your fist.” (http://www.msnbc.msn.com/id/28751183/)

Los mexicanos que se hayan emocionado pensando que la situación latinoamericana mejorará con Obama, tal vez sólo vieron el discurso inaugural por TV pero no lo escucharon atentamente. Al parecer, el estándar de la sensibilidad mexicana se guía casi únicamente por sus afectos y por la simpatía o antipatía que pueda tener hacia un líder, frente a la pantalla, se queda con la efusividad del aplauso y no escucha y mucho menos, siente curiosidad por buscar el informe y leerlo o acercarse a otras fuentes que planteen una óptica diferente a la de las televisoras. Aquí les dejo un link en el que pueden encontrar el discurso de Obama para que le echen un ojo y saquen sus propias reflexiones: http://www.msnbc.msn.com/id/28751183/












