
Mendoza, ruta de los vinos y de los Andes
Texto: Marc Simon
Fotos: Arnaud du Jardin
Ubicada en medio de un desierto, al pie de la Cordillera de los Andes y a mil kilómetros de Buenos Aires, Mendoza es un oasis acogedor. La Plaza Independencia, rodeada por otras cuatro plazas (España, Italia, Chile y San Martín), representa el centro de la ciudad.

Los sicomoros gigantes en las calles, aprovechando el agua del deshielo (llevada por los acequias, herencia de los indios y de los tiempos coloniales), guardan la temperatura a un nivel más fresco, así que pasear o estar en las terrazas de los numerosos cafés es muy agradable. Otra opción para disfrutar de un poco de frescura es ir al maravilloso Parque General San Martín, admirar las fuentes y caminar en la rosaleda o al lado del lago donde se practica el remo.

Muchas agencias pueden ayudar en la organización de una vuelta. Pero sobre todo, Mendoza es la región de los vinos más importante de Argentina. Las bodegas organizan visitas y degustaciones de excelentes vinos. Y como son numerosas, para aprovecharlas a lo máximo, recomendamos los servicios de un guía como Javier Inzaurraga del Bed & Breakfast ‘Plaza Italia’ (www.plazaitalia.net). A parte de habernos organizado un tour excelente de las bodegas, nos ayudo mucho en la elección de un hotel (el suyo estaba lleno). Nos quedamos en el hotel Argentino ubicado en la Plaza Independencia (www.argentino-hotel.com), el cual es también muy recomendable y cuenta con un servicio muy atento.

Asimismo, estar en Mendoza es ideal para dar una vuelta por los Andes y sus paisajes desproporcionados y de colores tan variados.

De camino hacía Chile, a un lado del ferrocarril transandino construido al principio del siglo XX y hoy abandonado, se encuentra el Puente del Inca, curiosidad anaranjada de la naturaleza, que debe su color a los minerales contenidos en el agua sulfurosa del río de las Cuevas.


Luego viene el Aconcagua, segunda cumbre más alta del mundo, el cerro Aconcagua culmina a 6 962 metros de altitud.













