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Sábado de Gula
4ª entrega

por Julio César Toledo

         Un año nuevo significa siempre la posibilidad de renovación, de hacer un borrón y cuenta en ceros; y salta siempre el asunto de los buenos deseos y los propósitos de cumplimiento para lo deseado, para lo postergado, para lo que no fue y, dicho de algún modo, puede ser. Las intenciones, hay que decirlo, se van perdiendo junto con el entusiasmo al paso de los meses, por ahí de junio ya poco queda de los bríos de enero. Una gran cantidad de libros hay en la fila de leer, una gran cantidad de recetas que quiero hacer para algún sábado (nomás porque es el único día que puedo cocinar). Pero voy a centrarme hoy en una de cada: lo mejor de las pasadas fiestas decembrinas.

         Si algo me dejó el fin de año (ese oscuro período vacacional en que uno está en medio de la navidad y el año nuevo) aparte de kilos de más, fue un buen sabor de boca por cosas que “probé” dos manjares que valen mucho la pena recomendar para cualquier sábado de este año que comienza. Un libro inquietante y seductor, fuera de todo orden, que borde los contornos de dos (o quizá más) géneros y seduce con un olor a sal y dulce, con un agrio marinado que invita al paladar a seguir ciertas extrañezas: Teoría de la Afrenta, de Armando González Torres. Y al mismo tiempo, algún sábado de ese período que ya les cuento, me hice una receta algo improvisada, muy fuera de todo protocolo culinario que la verdad, y a lo mejor está mal que yo lo diga, me quedó muy buena. El asunto comenzó con el hecho de que el recalentado de año nuevo me había hartado y quise ponerle un toque distinto a la pierna horneada, entonces eché en una cazuelita de barro dos chiles chipotles secos, dos dientes de ajo y un poquito de sal, y los puse a hervir durante unos minutos, pero pasada la cocción, como si se tratara de uno de los enigmáticos textos de González Torres, algo me provoco enrarecer esa salsa, y decidí ponerle una taza de azúcar.

         Temeroso del resultado, deje reposar la reducción en lo que hojeaba Teoría de la Afrenta. El texto desdibuja los límites del género y crea una posibilidad poética que excede los contornos lingüísticos anidando sobre los elementos de la experiencia más íntima. La poesía que se construye en esta teoría es la del lado B, la del movimiento siniestro que sucede dentro del espejo de manera paralela al de la realidad sin dejar de ser parte de ella. Por ello me atrevo a decir que la poesía Transtextual que González Torres nos regala, es un golpe certero a todo cuanto conocemos y asumimos sobre los géneros literarios. Podría ser una literatura Transgénero. No es casualidad que un autor conocedor de la tradición (baste decir que recién ha ganado el premio Revueltas 2008 de ensayo por un trabajo que versa sobre la tradición literaria reciente) pueda dislocarla y pasar, diríamos, al siguiente nivel. Entonces supe que debía volver a la salsa. La metí en el procesador, agregué un poco de pimienta y (con un poco de pena) unos “orejones” de manzana, esos dulces deshidratados tan de esas épocas navideñas y licué. Debí ponerla al fuego unos minutos más para espesar, pero, la verdad, fue un resultado inesperado. El paladar tardó en acostumbrarse un momento pero el sabor dulzón que se mezclaba con el picante, hizo de mi salda, también, un híbrido digno de cualquier cocina.

         Bajo esa renovación, con la promesa de un año lleno de buenas sorpresas como la salsa de dulce de chipotle y descubrimientos como el de Teoría de la Afrenta, les deseo muchos sábados de gula.

         Recomendación: González Torres, Armando. Teoría de la afrenta. CONACULTA, col. Práctica Mortal. Se encuentra en cualquier librería Educal.

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