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si aquella que dice ser tu amiga realmente lo es...

Por Nadiezhda Bermúdez Díaz

       Hay ocasiones en las que oímos que una amistad verdadera sólo se puede dar en una relación entre iguales, y esos iguales sólo pueden ser los hombres. A ese tipo de juicios, que nos aparecen de repente en las pláticas comunes, a veces nada más podemos hacer una pregunta ¿qué consecuencias tiene esto para nosotras las mujeres? Pues lo que podemos hacer es rastrear las raíces de esta vieja idea. Eso es lo que los griegos pensaban de la amistad (el ejemplo que podríamos dar es el de Aquiles y Patroclo en la Iliada de Homero) y por lo visto esta idea se ha quedado muy dentro de lo que pensamos que es la amistad.

  De las consecuencias encontramos todas las rivalidades imaginadas entre mujeres. De los hombres no importa cómo se de una amistad, el caso es que se da; las mujeres, en cambio, nos vemos intervenidas por muchos tipos de jerarquías sociales y demás situaciones. Es más, hasta podemos hacer una tipología de nuestras amistades femeninas. Y para muestra un botón, tenemos en nuestro haber: amigas de la escuela, amigas-vecinas, amigas-cuñadas, amigas de trabajo, etc. De ahí que los problemas que hay entre las mujeres es que siempre hay una relación anterior que determina la relación de amistad. Por lo que siempre hay complicaciones cuando se traspasa esta relación anterior en el nombre de la amistad; por ejemplo, si en el trabajo tu amiga tiene una jerarquía diferente a la tuya y, en el nombre de la amistad, no respeta tal jerarquía, para bien o para mal, eso te molesta creando problemas dentro de la amistad y ésta última puede llegar a acabarse.

  Por otro lado, el asunto medular, y muy obvio, es tal que no mezclamos los tipos de amistades (con lo que hacemos que se encelen unas a otras), y con esto no dejamos que intervengan en nuestra vida de una manera decisiva. Pero aquellas que no cumplen con la condición de poder cambiar algunas pequeñas cosas de nuestra vida ¿son “verdaderamente” nuestras amigas? Y no es que algunas de ellas no quieran ser parte importante de nuestras decisiones problemáticas, crisis y demás, lo que pasa es que somos nosotras las que decidimos si eso pasa o no.

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