keds

 

 


La Madre Pródiga

Exposición
Daniel Lezama
Museo de la Ciudad
de México
hasta el 20 de junio
www.lamadreprodiga.com

videoentrevista
  Videoentrevista

  Charlando con Daniel Lezama

galeria de moda
  Galería

  la obra de Daniel Lezama

...Además

videoentrevista
  Artículo

  Alejandro Navarrete
  La máquina del olvido

videoentrevista
  Artículo

  Ghelderode
  Maestro de lo Grotesco

videoentrevista
  Viajes

  Perugia, Italia

Daniel Lezama

Una Conversación
Por Alejandro Navarrete

¿Cuándo te diste cuenta que querías ser pintor?

        Si conoces un poco mi biografía, sabrás que mi padre fue pintor, y era un pintor muy sui generis porque era muy académico, con una formación tradicional muy fuerte, pero que no creía en el arte. Él decía que era sólo un divertimento, tal vez como una autodefensa ante la gente que intentaba cuestionar su trabajo, él decía que sólo hacía estética. De alguna forma, yo me revelé contra eso, porque, por una parte, me fascinaban de niño esos libros, esas imágenes, esa cultura visual, y eran cosas que a mi padre le daban risa, y decía: “no, eso no importa, lo que importa es hacer algo bello”. A mí me vale lo bello, lo que quiero es que diga cosas fuertes que signifique que me haga soñar, que me haga pensar. La belleza a mí no me importa, es decir, que la pintura sea bonita no importa, que lo que pinto sea bonito, no importa; más bien dame qué soñar, dame alimento al espíritu. Y eso él no lo hacía. Entonces, cuando fui creciendo yo dejé la pintura de lado, y me obsesioné con escribir, y no lograba lo que quería, que era contar historias, creo que nunca podré contar historias con la pluma, creo que es un talento nato.

Y creo que tus cuadros no son tanto para verse como para leerse...

        Hay algo de eso, pero si lo lees aquí (señala el cuadro de la madre pródiga) lo lees como si fuera lírica o poesía, un conjunto de tiempos y de espacios y de narraciones que se mezclan en una sola, que a nivel literario sería ilegible. Ahora entiendo que tú pintas lo que no puedes leer ni escribir, es decir, pintas lo ilegible y lo indecible, y no puedes hacerlo de otra forma, yo tardé mucho en llegar a esa conclusión. De alguna forma, mi educación artística no tenía ese sesgo de por qué pintar y por qué escribir.

Yo recuerdo tus últimos cuadros en San Carlos, y ya se intuía toda esta parafernalia entre lo teatral y el paisaje, sin embargo carecía de todos estos elementos mitológicos y míticos y estos sueños de los que hablas...

        Lo que yo tenía en San Carlos era un corsé que me tenía completamente aprisionado: el formalismo de la pintura contemporánea. Cuando entré a la escuela todo mundo me decía que no, que no podía pintar que se había acabado la pintura y que aprendiera arte conceptual. Aprendí a lidiar con todo eso. Yo sabía que iba a pinar, feo o bonito, pero iba a pintar. Lo cierto es que sí sabía pintar, porque vi a mi padre toda mi infancia, desde niño sabía cómo se manejaba un óleo, cómo se mezclaba, cómo acomodar los colores en una paleta, cuáles eran los pinceles, cuáles eran los buenos, cuáles eran los malos, sabía en qué horas sí se pintaba, aunque no había practicado pintura en 15 años. Me empezaron a respetar en la escuela, y aprendí que más allá de las ideas están los hechos. Yo pensaba: “tengo que validar la pintura como acto representacional consciente de sí mismo”, muy cezaneano, y armar escenografías donde la pintura hablara de la pintura. Llegó un punto en el que me comenzó a ir muy bien con los críticos, pero emocionalmente yo me sentía completamente atorado. No podía decir las cosas que yo realmente quería decir.

Das un salto y de pronto aparece toda esta imaginería indigenista pseudoprehispánica en los cuadros...

        Aparecen muchas cosas, entre ellas eso. Primero salen como un borbotón, porque como no has pintado en toda tu vida y empiezas a pintar, sacas la presión acumulada, y lo que salió no era tan preciso. Digamos que he ido refinando mi discurso, entendiendo y encontrándolo. Los últimos diez años no es tanto que pinte mejor (sí pinto un poco mejor que hace diez años), el problema es lo que tienes que decir y cómo lo dices y cómo afinas tu discurso.

Las influencias en Lezama>